Guerreros águila: los combatientes aztecas más letales

Guerreros águila: los combatientes aztecas más letales

Toda gran nación debe contar con soldados de élite para defender tanto a sus territorios como a la población. Precisamente, a lo largo de la historia hemos visto que este axioma se ha cumplido hasta en las civilizaciones prehispánicas. Tal vez, uno de los mejores ejemplos en este caso, sean los Guerreros Águilas aztecas.

Fueron los combatientes más feroces, aguerridos y letales que tuvo el imperio azteca, también fueron los principales enemigos de los conquistadores españoles. La historia les ha reservado un lugar importante, pues todavía hoy en día se les recuerda por su fuerza y ferocidad en batalla.

Aztecas: el gran pueblo mesoamericano 

Para entender el papel que desempeñaban los Guerreros Águila dentro de la sociedad azteca, es necesario examinar algunos aspectos de su historia. Por ejemplo, hacia el año 1325, estaban ubicados en Chapultepec, pero sus enemigos los expulsaron de esos territorios.

Posteriormente se agruparon para vencer a todo el que se atravesara a su paso, extendiendo sus dominios hasta el Pacífico y el golfo de México. Por esa época, deciden tener como capital del naciente imperio, a la ciudad de Tenochtitlán. El crecimiento y desarrollo de la población fue indetenible desde ese momento.

 

Se convirtieron en el pueblo que mayor influencia ejerció sobre las demás culturas y poblaciones de ese periodo histórico. Al punto que, su dialecto –el náhuatl– era el que más se hablaba en toda la región, además su riqueza y poder los llevaron a ser la ciudad más estable y próspera de Mesoamérica.

Un estado bien conformado

El desarrollo del pueblo azteca no fue producto de la casualidad. Ellos contaban con un sistema de regencia muy bien organizado, basado en la escogencia de un gobernante seleccionado de los clanes que integraban la comunidad. La prosperidad del gobierno y la ciudad, tenía sus bases en la recaudación de impuestos.

Las decisiones importantes eran tomadas por el gobernante –una especie de rey- junto con otros asesores que lo aconsejaban sobre algunos temas. La sociedad estaba dividida en estratos, donde la nobleza gozaba de mayores privilegios y poder que la clase pobre y los esclavos.

Así mismo, algunos puestos de responsabilidad dentro del gobierno eran recomendados por la nobleza. Entre los que se destacan los jefes del ejército de los aztecas, incluyendo los poderosos Guerreros Águilas.

El privilegio de ser Guerreros Águilas

Una de las costumbres más generalizadas del pueblo azteca, es que a los niños desde muy pequeños, se les enseñaba el arte de la guerra. Recibían adiestramiento en el manejo de las armas, al igual que el desarrollo de la fortaleza física, en los primeros años de su vida.

Pero solo hasta que cumplieran los 14 años de edad, podían ser considerados para ingresar a las escuelas que los convertirían en Guerreros águilas. Se hacía una selección donde se escogía a los más fuertes, y habilidosos y se enviaban a culminar su preparación.

Escuelas para guerreros

Guerrero águila lucha contra un cautivo. Ambos sostienen macuahuitl, la espada azteca. Crédito: александр.

La sociedad azteca contaba con dos clases de escuelas, una para los hijos de las clases media y baja que asistían a telpochcalli. Allí recibían una instrucción muy completa, pero sobre todo mucho entrenamiento físico fuerte, manejo de armas y trabajos de agricultura y construcción.

Los ejercicios que realizaban, les permitía acondicionar su cuerpo para soportar la fatiga, el cansancio e incrementar su resistencia corporal. Por lo general se quedaban en la escuela hasta que tuvieran la edad para casarse, pero ya salían convertidos en guerreros de élite.

Para los hijos de la nobleza existía otra escuela, calmécac. Los que ingresaban a esta escuela debían tener entre 7 y 15 años aproximadamente, para recibir una formación más amplia que los chicos que iban a telpochcalli. De esa manera la sociedad podía contar no solo con guerreros, sino también con personas que atendieran otras funciones.

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Sin embargo, la vida en calmécac era austera, muy sacrificada y tan dura como la que llevaban los jóvenes de la otra escuela. Justo al ingresar, al niño se le hacía una herida con la finalidad de que se acostumbrara al dolor, porque también se les enseñaba a pelear.

El ritual del guerrero águila

Había una forma para demostrar que el joven ya podía ser aceptado como un guerrero águila, consistía en un ritual de iniciación. En dicho ritual, el aspirante tenía que capturar a un prisionero y demostrar así que estaba listo para ser parte del ejército. Si moría durante el intento, se le consideraría una muerte honrosa y honorable.

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