Imágenes satelitales muestran que dos peligrosos volcanes de Indonesia están interconectados

Imágenes satelitales proporcionadas por la Agencia Espacial Europea (ESA), de los alrededores del volcán Agung en Bali, ayudaron a un equipo de geólogos británicos a comprender por qué entró en erupción repentinamente en 2017 y continúa mostrando signos de actividad en la actualidad.

En noviembre de 2017, Agung entró en erupción tras 50 años de inactividad, después de un repentino incremento en su actividad sísmica dos meses antes. Este estudio, elaborado por la Universidad de Bristol junto al Centro de Vulcanología y Mitigación de Peligros Geológicos de Indonesia (CVGHM, por sus siglas en inglés) ha concluido que esos movimientos estaban asociados con una «intrusión de magma subvertical profunda» entre ambos cráteres, que están separados por cerca de 18 kilómetros.

El Volcán Agung es uno de los volcanes en capas más grandes de la parte tropical de Asia. Es conocido por sus erupciones poco frecuentes, pero muy poderosas. La última vez que Agung se «despertó» en 1963, mató a casi 2,000 personas y fue seguido por una pequeña erupción en su volcán vecino, Batur, ocasionando una serie de cambios climáticos abruptos.

«Notamos que la fuente de los terremotos en Bali y el epicentro de todas las deformaciones de la roca estaban a unos cinco kilómetros de la boca del volcán. Esto significaba que el magma se estaba moviendo en su dirección no solo verticalmente hacia arriba, sino también desde el lado».

En otras palabras, encontramos que los volcanes Agung y Batur pueden conectarse entre sí», dijo Fabien Albino de la Universidad de Bristol (Gran Bretaña).

Qué dio origen a esta investigación

En el 2017, los sismólogos registraron una serie de réplicas alrededor del volcán. Fue la primera evidencia seria de que comenzó a despertar y de que su nueva erupción podría ocurrir en los próximos meses o años. Esto llevó a la evacuación de unas 100 mil personas que viven en las laderas de Agung, y obligó a los científicos a comenzar nuevas estimaciones de las consecuencias de su erupción.

Los geólogos, señala Albino, estaban preocupados por una pregunta ligeramente diferente: por qué Agung se despertó repentinamente y si este despertar tendría consecuencias más graves que las emisiones periódicas de cenizas, gases y pequeñas cantidades de lava.

Para buscar respuestas a esta pregunta, los científicos utilizaron una característica común para todos los volcanes. El hecho es que debajo de cada volcán hay una cámara magmática, un reservorio de rocas porosas que pueden absorber grandes cantidades de magma líquido.

Antes de la erupción, esta cámara se desborda, lo que conduce a su expansión y eleva la altura del área en las cercanías del volcán. Por la forma en que la cámara se ha «hinchado», los científicos pueden estimar el volumen de magma que contiene, entender de dónde proviene y calcular la fuerza aproximada del cataclismo.

El proceso de llenado de esta cámara generalmente se realiza en «sacudidas» en lugar de a una velocidad constante. Como resultado, la presión dentro de la cámara de magma cambia dramáticamente periódicamente, y estos cambios generan ondas sísmicas relativamente débiles y de largo período que se mueven hacia la superficie. El hombre no siente estos temblores, pero los instrumentos sismológicos los registran en muchos volcanes activos.

La tecnología satelital fue clave

Guiados por estas ideas, Albino y sus colegas recolectaron fotografías satelitales de los alrededores de Agunga, obtenidas por la sonda Sentinel-1 antes y después del despertar del volcán, y datos de estaciones sísmicas terrestres. Combinando esta información, calcularon la posición del epicentro de la actividad subterránea.

Para su sorpresa, no estaba cerca de Agung, sino en un punto ubicado en sus laderas nororientales, aproximadamente a medio camino entre él y otro volcán, el Monte Batur.

Tal disposición de este punto, como lo muestran los cálculos de Albino y sus colegas, es posible solo si Agung y Batur están unidos por un sistema común de canales subterráneos a través del cual la lava puede moverse entre sus cámaras ígneas, provenientes de una fuente común de Magma situado a una profundidad de 10 -30 kilómetros.

Imagen satelital de los volcanes Agung y Batur. Créditos: Fabien Albino/COMET/University of Bristol

Esto se apoya en el hecho de que el segundo volcán ya se había despertado en el 2000 y mostró signos de actividad en los años siguientes. Además, un análisis de las estadísticas de erupción en décadas y siglos pasadas muestra que Batur y Agung están haciendo erupción juntos o alternativamente.

«Esta es la primera evidencia geofísica de la conexión entre los volcanes Agung y Batur mediante un ‘sistema de tuberías’ permitiría pronosticar futuras erupciones y ofrecer una explicación a la catástrofe de 1963».

La investigación podría tener implicaciones importantes para pronosticar futuras erupciones en el área y debe tenerse en cuenta en el futuro para proteger a la gente de Bali de las posibles consecuencias de estos desastres, concluyen Albino y sus colegas.

Sus hallazgos, han sido publicados en la revista Nature Communications.

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