Científicos descubren cómo duraron milenios las construcciones mayas y romanas

Investigadores exploraron la idea de por qué los antiguos edificios romanos y mayas siguen en pie, con la esperanza de descubrir cómo se han conservado durante milenios.

Mientras que el hormigón moderno tiene solamente una vida útil de entre 50 y 100 años, las construcciones dejadas por los mayas y romanos se conservan aún en la actualidad.

Por ello, los científicos han estudiado materiales de épocas lejanas (desmontando trozos de edificios, estudiando textos históricos, mezclando recetas imitadas), revelado una sorprendente lista de ingredientes que se mezclaban en los edificios antiguos: materiales como corteza de árbol, ceniza volcánica, arroz, cerveza e incluso orina.

Incluso en algunas de las construcciones más famosas de China, como la Gran Muralla y la Ciudad Prohibida; se han descubierto trazas de almidón de arroz, materiales mezclados para poner en pie estas estructuras.

Estos complementos inesperados podrían ser clave para algunas propiedades bastante impresionantes, como la capacidad de fortalecerse con el tiempo y «autocurar» las grietas cuando se forman.

Admir Masic, ingeniero civil y ambiental del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EE.UU.), dijo: «No necesitamos hacer que las cosas duren tanto como lo hicieron los romanos para tener un impacto. Si añadimos 50 o 100 años a la vida útil del hormigón, necesitaremos menos demolición, menos mantenimiento y menos material a largo plazo».

Para los investigadores es importante mejorar las propiedades de los materiales modernos y de esta manera lograr que las construcciones actuales sean mucho más sostenibles.

Maravillosas construcciones romanas

Según informa AP, las constructores del Imperio romano usaban un tipo de hormigón que ha resistido a lo largo del tiempo.

Tal es su grado de resistencia, que, incluso en lugares expuestos por siglos al agua de mar, se conserva «básicamente como estaba cuando se vertió hace 2.000 años», remarca John Oleson, arqueólogo de la Universidad de Victoria (Canadá). Sin embargo, puntualiza que no se puede «construir un rascacielos moderno con hormigón romano», pues se derrumbaría cuando llegaras al tercer piso al no poder soportar cargas pesadas.

Marie Jackson, geóloga de la Universidad de Utah, tiene una opinión diferente. Su investigación ha descubierto que la clave podría estar en los materiales volcánicos específicos utilizados por los romanos.

Según registros de arquitectos antiguos como Marco Vitruvio, los constructores romanos mezclaron materiales como piedra caliza quemada y arena volcánica con agua y grava, creando reacciones químicas para unir todo.

Materiales que ‘se reparaban solos’

Después de analizar muestras de concreto de la antigua ciudad de Privernum, los científicos hallaron que los trozos podían estimular las capacidades del material para «autorrepararse». Cuando se forman grietas, el agua puede filtrarse al interior del concreto, activando los trozos de cal que fueron colocados allí, desatando nuevas reacciones químicas que pueden rellenar las secciones dañadas.

Los constructores reunían rocas volcánicas que quedaban en el paisaje después de erupciones y las mezclaban en su concreto. Este material naturalmente reactivo cambia a través del tiempo al interactuar con los elementos, es lo que le permite sellar grietas que se formen, explicó Jackson.

Fabulosas estructuras mayas

En Copán, un sitio maya en Honduras, intrincadas esculturas de cal y templos permanecen intactos incluso después de más de 1.000 años expuestos a un ambiente cálido y húmedo. Y según un estudio publicado a principios de este año, el secreto de la longevidad de estas estructuras podría estar en los árboles que brotan entre ellas.

Calakmul es una pirámide de 55 metros de alto, escondida dentro de las selvas del estado mexicano de Campeche. Crédito: Wikimedia Commons.

Albañiles locales en Honduras sugirieron a los investigadores el uso de extractos de árboles autóctonos de chukum y jiote en la mezcla de cal, para hacerlo especialmente duradero contra los daños físicos y químicos.

Cuando los investigadores probaron la ‘receta’ (recogieron corteza, pusieron los trozos en agua y agregaron el “jugo” del árbol resultante al material), descubrieron que el yeso resultante se mantenía aún contra daños físicos y/o químicos.

Relieve de estuco dentro del “Túnel del Jaguar” en la Acrópolis de Copán, un antiguo sitio maya en el oeste de Honduras. Crédito: AP/Moises Castillo.

Cuando los científicos se acercaron, vieron que trozos de material orgánico del ‘jugo del árbol’ se incorporaban a la estructura molecular del yeso. De esta manera, el yeso maya pudo imitar estructuras naturales resistentes como conchas marinas y espinas de erizos de mar y tomar prestada parte de su dureza, dijo Carlos Rodríguez-Navarro, investigador de herencia cultural en la Universidad de Granada, en España.

Aunque algunos investigadores como Cecilia Pesce, científica de materiales en la Universidad de Sheffield (Inglaterra), sostiene que los constructores de la antigüedad podrían simplemente haber tenido suerte, al implementar en sus mezclas «casi cualquier cosa» mientras fuera barata o estuviera disponible; otros creen que si existió una intencionalidad donde los materiales locales lograron producir propiedades distintas y las construcciones que aún podemos admirar son parte de la genialidad de los antiguos arquitectos e ingenieros.

Referencias: Infobae/History/AP News.

 

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