Dos décadas atrás, los científicos descubrieron una especie de hongo arcaico que infectaba a las ranas en América Central. Llamado Batrachochytrium dendrobatidis, el hongo parecía ser una amenaza rara y devastadora: alteró la química de la piel de los huéspedes infectados, privándoles de su capacidad de beber agua y absorber electrolitos a través de su piel, y finalmente detuvo sus corazones. Era capaz de saltar fácilmente entre las especies de ranas y matar a casi todos sus anfitriones.

En el año 2007, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) escribió que, como resultado del hongo (y de la actividad humana que le permitió propagarse por todo el mundo), «la crisis mundial de extinción de anfibios y su dinámica actual es la peor a la que nos hemos enfrentado», agregando: «Es la peor enfermedad infecciosa registrada entre los vertebrados en términos de la cantidad de especies impactadas y su propensión a llevarlos a la extinción».

Ahora, un nuevo artículo ofrece algunas buenas noticias: hay evidencia en un sitio tropical de que los ecosistemas de ranas pueden adaptarse al hongo, con ciertas especies infectadas desapareciendo y aquellas que permanecen sobreviviendo a sus infecciones, probablemente porque han evolucionado para volverse resistentes a su efectos, y porque el hongo en sí se ha vuelto menos mortal.

El estudio

Los investigadores estudiaron ranas tropicales en una región de aproximadamente 0,8 millas cuadradas (2 kilómetros cuadrados) en Panamá llamada El Copé.

Entre 2010 y 2014, recogieron ranas y las analizaron en busca de signos del hongo. Dividieron las regiones en cuadrados 20 por 20 metros, manteniendo registros cuidadosos de las ranas de cada especie en cada cuadrado y si aparecieron infectadas o no.

Como resultado, hallaron que alrededor de la mitad de las especies de ranas en el área se extinguieron cuando la epidemia llegó a El Copé por primera vez en 2004, para el período 2010-2014, las poblaciones restantes parecían haberse estabilizado. Las ranas infectadas parecían sobrevivir más tiempo, en general se infectaron menos ranas, y los investigadores no encontraron el tipo de disminución drástica de la población que ocurrió durante el brote inicial.

Rana del género Diasporus Diastema
Rana del género Diasporus. Una de las más resistentes que viven en El Copé, devastado por los hongos. Créditos: Wikimedia Commons/Flickr

«Nuestros resultados son realmente prometedores porque nos llevan a la conclusión de que la comunidad de ranas de El Copé se está estabilizando y no está a la deriva de la extinción», dijo Graziella DiRenzo, bióloga de la Universidad de California en Santa Bárbara y autora principal del artículo.

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No está claro cuáles son las perspectivas a largo plazo para las ranas en este momento, ya sea en Panamá o en cualquier otro lugar. «Sin embargo, si suficientes especies de ranas en un lugar determinado pueden sobrevivir y persistir, entonces, con suerte, algún día una nueva comunidad de ranas reemplazará la que se perdió», dijo Karen Lips, bióloga de la Universidad de Maryland y coautora del artículo.

La investigación ha sido publicada en la revista Ecological Applications.

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