Durante el Antiguo Egipto, varios animales fueron domesticados, y muchos otros llegaron incluso a ser idolatrados. Perros, chacales, serpientes o halcones eran animales muy valorados, fundamentalmente por relacionarse con algunas de las divinidades que formaron parte del extenso y cambiante panteón egipcio a lo largo de toda su existencia.

Uno de los animales más apreciados y reverenciados por los antiguos egipcios, fue el gato. Los egipcios creían que los gatos eran criaturas mágicas, capaces de traer buena suerte a las personas que los albergaban.

Para honrar a estas preciadas mascotas, las familias adineradas los vestían con joyas y les daban golosinas exclusivas para la realeza. Cuando los gatos morían, eran momificados; y como señal de luto, los dueños del gato se afeitaban las cejas y continuaban llorando hasta que sus cejas volvieran a crecer.

Créditos: Wikimedia Commons

El arte del antiguo Egipto muestra estatuas y pinturas de todo tipo de felinos. Los gatos eran tan especiales que quienes los mataban, incluso por accidente, eran condenados a muerte.

Entre los restos arqueológicos relacionados con los gatos en el Antiguo Egipto, destaca el sarcófago de Tamit, la gata del príncipe Tutmosis, hijo del faraón Amenhotep III, que reinó durante la XVIII Dinastía entre los años 1390 y 1353 antes de Cristo.

Sarcófago de Tamit, la gato del Príncipe Heredero Tutmosis. Créditos: Wikimedia Commons

Se trata de un pequeño sarcófago de piedra caliza, de unos sesenta centímetros de largo, esculpido con gran maestría en bajorrelieve, representando a la gata del príncipe acompañada del que probablemente sería su manjar preferido, un pato cuidadosamente desplumado. A su alrededor están representadas las diosas Isis y Neftis, ejerciendo su protección. Otros miembros de la realeza tuvieron gatos como mascotas, se sabe que así fue en el caso de la reina Tiy o la princesa Satamón.

La primera diosa felina fue Mafdet: una deidad femenina a la que se le puede seguir el rastro hasta llegar a la Primera Dinastía, entre el año 3400 a. C y el 3000 a. C. Como diosa felina, actuaba como protectora ante las mordeduras venenosas, en especial las de serpientes y escorpiones (probablemente por el hecho de que los gatos son cazadores de serpientes y escorpiones).

Solo una deidad, la diosa Bastet, tenía el poder de convertirse en un gato.

La más conocida diosa felina, la llamada Bastet, ocupó el lugar de Mafdet como guardiana del Bajo Egipto, del faraón, y del dios sol Ra. Esta nueva deidad femenina con cuerpo de mujer y cabeza de gato, tenía el poder de convertirse en un gato. Su principal santuario se ubicaba en Bubastis.

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