El celibato, como definición, es el estado que adopta voluntariamente una persona y que implica el mantenerse soltero/a por el resto de su vida o gran parte de ella. En el caso de los sacerdotes católicos, esta elección se hace a cambio de una dedicación total a los servicios religiosos. El celibato es una condición indispensable e ineludible para ordenarse.

Según el sociólogo Francisco Borba Ribeiro Neto, coordinador del Núcleo Fe y Cultura de la universidad brasileña PUC-SP: «La persona renuncia a una vida sexual activa para canalizar toda su energía y toda su persona en su relación con Dios».

Ribeiro Neto también explica que esta idea no es una invención del cristianismo. «Los monjes budistas y las vírgenes vestales- sacerdotisas de la diosa Vesta de la Roma Antigua- mantienen el mismo ideal de vocación como condición para una entrega mayor a Dios».

Por su parte, de acuerdo con el Catecismo de la Iglesia católica, para los casados la castidad se ejerce manteniendo relaciones sexuales y siendo fieles el uno al otro, para el soltero, absteniéndose de prácticas sexuales propias de los casados.

Historia del Celibato

Originalmente, los primeros sacerdotes católicos no necesitaban ser célibes. «Eso fue siendo reconocido como un valor importante a medida que pasaron los siglos», afirma Ribeiro Neto.

Alrededor de los siglos III y IV, sin embargo, ya existían movimientos dentro del catolicismo proponiendo que los religiosos practicasen el celibato.

La preocupación con el celibato empezó a cobrar fuerza a partir del siglo XI. Papas como León IX y Gregorio VII temían por la “degradación moral” del clero.

De modo que el celibato acabaría instituido en los dos concilios de Letrán – el primero, en 1123, el segundo en 1139. A partir de los concilios, quedó decretado que clérigos no podrían casarse o relacionarse con concubinas.

«Muchos dicen que a partir del siglo X la Iglesia se enriquece con el celibato, ya que no tiene compartir los feudos con los hijos de los sacerdotes. Esto es en parte verdad. Pero el objetivo más grande es que haya un misionero que esté siempre libre para asumir misiones y cargos», dice el filósofo y teólogo Fernando Altemeyer Júnior.

Actualidad

La Iglesia católica y la imposición del celibato a los sacerdotes

En el siglo XX el tema volvió a resurgir con el Papa Pío XII, que defendió el celibato en la encíclica Sacra Virginitas. Y en el segundo Concilio Vaticano, en 1965, el Papa Pablo VI también divulgó un documento, De Sacerdotio Ministeriali, abordando el asunto.

En una carta de 1979, el papa Juan Pablo I Iafirmó: «Fruto del equívoco -si no de mala fe- es la opinión, con frecuencia difundida, de que el celibato sacerdotal en la Iglesia católica es sólo una institución impuesta por ley a aquellos que reciben el sacramento de la Orden. Todos sabemos que no es así».

«Todo sacerdote que reciba el sacramento de la Orden se compromete al celibato con plena conciencia y libertad, después de la preparación de varios años, profunda reflexión y asidua oración», escribió el pontífice.

Su sucesor Benedicto XVI también hizo declaraciones acerca del celibato: «Para comprender bien lo que significa la castidad debemos partir de su contenido positivo, explicando que la misión de Cristo lo llevaba a una dedicación pura y total hacia los seres humanos».

«Con el voto de castidad, los sacerdotes, religiosos y religiosas, no se consagran al individualismo o a una vida aislada, sino que prometen solemnemente poner las relaciones intensas de las cuales son capaces al servicio del Reino de Dios», dijo en una homilía.

«El celibato no es un dogma de fe, es una regla de vida que yo aprecio mucho y creo que es un don para la Iglesia. No siendo un dogma de fe, siempre tenemos la puerta abierta para cambiarlo», reconoció recientemente el Papa en una conversación con periodistas. Sin embargo añadió: «En este momento, sin embargo, no lo tenemos pensado».

Padres casados

La Iglesia católica y la imposición del celibato a los sacerdotes

Según el Movimiento Nacional de las Familias de los Padres Casados, más de siete mil brasileños solicitaron a la Iglesia que les exima del sacramento de la Orden para poder casarse.

Esto significa que de cada cuatro sacerdotes católicos que son ordenados en Brasil, uno abandona la sotana a cambio del matrimonio.

Según la revista La Civiltá Cattolica, publicada desde 1850 en Roma por los jesuitas italianos, en todo el mundo ese número supera a los 60 mil sacerdotes.

Ya existe una función para aquellos que están casados pero desean desempeñar papeles más religiosos dentro del catolicismo: actualmente, la Iglesia católica ordena a hombres casados ​​como «diáconos permanentes».

«Pueden desempeñar casi todas las funciones de los sacerdotes, con la excepción de la consagración de la hostia en la comunión y la absolución de los pecados en la confesión», aclara Ribeiro Neto.

Dentro del propio clero, muchos sacerdotes cuestionan si ha llegado la hora de cambiar esa posición. Uno de los sacerdotes católicos brasileños más famosos de la actualidad, el padre Fábio de Melo, ya dio entrevistas diciendo que la norma del celibato debería ser abolida, «por ser algo propio de la Edad Media».

¿Podría el celibato ser opcional?

La Iglesia católica y la imposición del celibato a los sacerdotes

En un artículo divulgado por la agencia estadounidense Religion News Service, que existe desde 1934, el padre jesuita Thomas Reese defendió que el celibato clerical fuera opcional.

Reese insinúa que, a lo largo de la historia y alrededor del mundo, son muchos los religiosos que no siguen la norma.

La Iglesia, sin embargo, mantiene el celibato porque cree que así se desempeñan mejor las funciones religiosas.

«Si un hombre quiere casarse, es una señal de que no fue elegido para la función ministerial del sacerdote, y a diferencia de una profesión laica, el sacerdocio católico es algo a lo que una persona se siente llamada», dice el sociólogo Ribeiro Neto.

«Ceder a las presiones para que los sacerdotes se casen sería, según la Iglesia, facilitar la entrada de personas que no tienen verdadera vocación y que se acabarían convirtiendo en malos sacerdotes», explica.

Este es el argumento que la Iglesia utiliza cuando se insinúa que abolir el celibato reduciría los casos de pedofilia.

«Para la Iglesia, los casos de pedofilia que se han divulgado recientemente son consecuencia de la elección de personas sin una verdadera vocación».

«Si los sacerdotes se casaran podría tener un efecto adverso, facilitando el ingreso de personas sin vocación y sin una espiritualidad sólida», dice el sociólogo, explicando el punto de vista del Vaticano. Lo cual, a mi parecer es bastante ilógico, teniendo en cuenta los numerosos casos de pedofilia registrados en el mundo y la notable disminución de feligreses católicos, que cada día va en aumento, en gran parte debido a esto.

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